Archivos Mensuales: septiembre 2014

Palabras que hablan de palabras que hablan de nosotros

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Se dice que una imagen vale más que mil palabras, aunque personalmente no estoy de acuerdo. Supongo que si fuera verdad, en vez de mandar un watsap a un amigo para quedar tal día a tal hora en tal sitio, le mandaría una foto de “algo” y él ya tendría allí unas mil palabras para interpretar a su aire.

Porqué, ¿qué es una palabra en realidad? Según la R.A.E es la unidad mínima del lenguaje hablado y escrito que contiene uno o barios significados.

Si lo dejamos en eso… que triste, ¿no? Lo mismo podría ser el trino de un pájaro o un heructo cuando no toca.
A lo que me refiero es que intentar definir la palabra con palabras es como describir el rojo a una persona que es ciega desde su nacimiento.

He visto una peli, hoy, que le prometí a una amiga que vería (una promi de meñique, que dice ella), y como me he quedado como media hora delante de la pantalla sin saber como descrivirla, he decidido que lo haré de tres maneras distintas:

PALABRAS:

Se llama “Her”, y va de un hombre que se enamora de un sistema operativo con voz de mujer.

IMAGEN:

SONIDO

Aunque también podríais dedicarle un par de horas, que no os dejará idiferete para nada.

Tan libre como la propia mente

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El personaje me fascina.

El personaje es un ser artificial que nace a partir de la imaginación humana. No hay nada más personal y próximo a uno mismo que el personaje que nace de la propia mente.

Lo dotamos de cuerpo, forma, carácter y personalidad. Cualquier edad, sexo o raza es válida.  No hay normas, no hay nada escrito, simplemente dejamos que la imaginación vuele y tome forma, creando seres que nacieron eones antes de que nuestro planeta conociera la vida, o milenios después de que la Tierra sea tan sólo un recuerdo. Puede ser de simple cartón, y de una vida tan corta como un suspiro, o tan consistente como mil páginas, un carácter tan profundo e insondable como un océano y que su existencia no conozca principio ni fin. Como dijo Ende, el pasado surge con las historias.

Un personaje es él mismo y la persona de la que ha nacido. Ninguno de los dos existe sin el otro, y ninguno de los dos muere realmente mientras el otro viva. Un personaje puede vivir infinitas vidas al mismo tiempo y en todos los lugares, existiendo hasta en las mentes de aquellos que lo han adoptado, incluso a veces, sin conocer a su creador.

Un personaje reivindica la libertad de la que carece el ser real y, al igual que la mente, no conoce fronteras. Puede ser encarnado por millares de rostros, adultos o infantes, en todas las épocas en las que merezca ser recordado, o llenar bibliotecas enteras, celuloides o servidores de la red.

Podrían hablar días y días sobre el personaje, pero por hoy lo dejaremos aquí.

DIBUJOS

Autos de choque

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Estaba pensando que hace mucho tiempo que no escribo. Y ya de paso, que desde la última vez que escribí mi vida ha dado mil tumbos, como un uno de esos autos de choque que, en el fondo, no va a ninguna parte y se la pega con todo el mundo, y, a poder ser, con toda la alevosía de la que sea uno capaz.

El otro día hablaba con una amiga (y precisamente una que no veía desde hacía dos años) de eso precisamente; de los cambios inverosímiles, y de que la vida puede sorprenderte, para bien o para mal, de maneras que hasta al más pintado se le quedaría cara de panoli.

Para medir esas incongruencias yo uso la libreta de las ideas. Me explico; de vez en cuando me las gasto en una libreta de esas que da gusto ver. Con papel grueso color crema, bien encuadernada, y cubiertas de cuero blando. En esa libreta apunto desde ideas, vivencias, números de teléfono o nombres, y a menudo, incluso fechas. De vez en cuando la abro por una página al azar y trato de recordar cómo era mi vida cuando escribí aquellas líneas, e imagino cómo será cuando escriba la última página. Es un ejercicio curioso porque si se pone uno a hacer inventario de sucesos, y traza el camino hasta el día presente, se da cuenta de que el control sobre nuestra propia vida, sobre ese auto de choque que no sabemos muy bien como funciona, es meramente simbólico.

Así que, en el fondo, sólo nos queda disfrutar de lo bueno de la vida y tener una idea más o menos clara de dónde queremos llegar, porque, desde luego, no sabemos cómo llegaremos.