Archivo de la etiqueta: biblioteca

No regales libros

Estándar

Últimamente quien regala un libro es porque no sabe qué regalar o porque sabe muy bien qué regala.

Por banal que parezca, regalar un libro es algo muy íntimo. Para el lector habitual, que se ha pateado librerías y bibliotecas hasta la saciedad, escrutando sus rincones y recovecos para que no quede nada sin mirar, el reto es doble. Libros hay muchos -cada día se editan más libros de los que te leerías en un año, por mucho tiempo que tuvieras para perder-, pero buenos libros, hay poquísimos. Cada uno con sus gustos y lo que para mi es un diez para ti quizás no.

Por eso, recomiendo mucho perderse un día por una biblioteca, que el ambiente siempre es mucho más agradable y auténtico (el “puedo ayudarle, señor” “No, gracias. Sólo estoy mirando” parece de protocolo en pseudolibrerías a lo fastfood), y pasear la mirada por los lomos de los libros que encuentres. Si uno te llama la atención lo hojeas y lo apuntas si te convence (mental o físicamente, eso cada uno con su memoria). Así, si ves al primo o al cuñado que no sabe qué regalarte en un burdo intento de sondeo prenavideño, le sueltas eso de “el otro día, en la biblioteca vi un libro llamado talcualpascual. Parecía interesante”.

A primera vista puede parecer absurdo, pero no hay nada que dé más reparo que regalar un libro y que al otro se le quede cara de y esto donde lo aparco. Siempre es bueno que, como mínimo, ese tostón que tenemos en la librería esté allí porqué  mirarlo suponga recordar una aventura con la que pasamos un buen rato en el bus, el metro o en la sala de espera del médico.

Así que no regales un libro. Regala un buen libro.

tumblr_lfwt5gfQmA1qb5mmjo1_500

No ha mucho tiempo, que en un castillo abandonado…

Estándar

medieval_black_dragon_by_damian97-d4sr7dm

…habitaba un antiguo dragón que medía el valor de sus tesoros, no por el oro que pudieran ofrecerle, sino por la sabiduría y los secretos que ocultaban.

Un día de verano, un solitario y agotado viajero llegó a las puertas del castillo. El dragón, curioso, salió a conocer al recién llegado.

-Buen hombre- dijo le -, ¿es que acaso acudís a mi en busca de riqueza?

-No, noble dragón- terció el viajero.

-¿En busca de secretos, pues?

-Tampoco es este mi deseo, gran dragón.

-¿Qué es lo que deseáis pues de mi, viajero?

-Tan sólo las historias que guardáis, buen dragón.

-¿Y que tenéis a cambio que ofrecerme para que me desprenda de mis queridos tesoros?

-Nada, me temo, que pueda ser de vuestro interés, sabio dragón.

-Entonces no perdáis vuestro tiempo ni hagáis que yo pierda el mio, viajero, y seguid vuestro camino.

Pero antes de que el dragón pudiera entrar de nuevo en su castillo, el hombre alzó una mano.

-Sin embargo, noble dragón, tengo algo que tenemos todos, y que nadie como vos podrá apreciar.

-¿Qué es pues, eso que tenemos todos y que me ofrecéis?

-Mi propia historia.

El dragón, molesto por tal pretensión, bufó, haciendo que una nube de humo negro y espeso escapara de sus fauces.

-¿Y qué os hace suponer que vuestra historia es de interés a alguien que ha vivido cientos de miles de ellas, y que le quedan otras tantas por vivir?

El viajero sonrió.

-Lo mismo que un buscador de perlas no se cansa de abrir ostras, pese a poseer incontables esferas de nácar. Cada una de ellas, por muchas que tenga en su haber, es única y perfecta en su imperfecta singularidad.

El anciano dragón meditó aquellas palabras.

-Sabio sois para un ser de tan corta vida. En compensación por ello, os permito que vengáis cada luna nueva y yo os obsequiaré con nuevas historias y saberes a cambio de lo que tengáis a bien contarme. Así pues, pasad y sed bienvenido a la biblioteca del dragón.

Bibliografia imagen: http://fc02.deviantart.net/fs70/i/2012/073/2/3/medieval_black_dragon_by_damian97-d4sr7dm.jpg