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Libros relativistas

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La primera vez que lo vi fue en Francia, y yo ya contaba trece febreros. Caía esa lluvia fina y que apenas ves, pero que te amargan el día, y los nubarrones gris plomizo prometían seguir con la labor sin importarles cuan mal los mirases. Estábamos en una barcaza llamada Caterina con los Fancelli, y el parchís, la oca y el ajedrez aburrían desde hacía ya un buen rato. Incluso los temas de conversación se nos habían acabado a los seis niños y niñas que languidecíamos bajo cubierta.

Mi madre, que desde pequeño ha procurado inculcarme el valor de las letras y los libros, acababa de terminarse la lectura que debía durarle la semana que estaríamos en el Canal du Midi, y más por aburrimiento que por curiosidad, le eché un vistazo. Era uno de esos ejemplares que regalan los domingos con el periódico. En la portada, una mano radiografiada se abría sobre un ratón de ordenador.

“El juego de Ender”

Y lo abrí. Dicen que un buen libro es como un gran viaje; se empieza con incertidumbre y dudas y se acaba con pena en el corazón. Creo que lo acabé en cuatro días. Fisgando por internet sobre el autor, Orson Scot Card, ves que es un maestro en el desarrollo de personajes. El mundo interior de Ender, sus preocupaciones, sus metas, su identidad, la inteligencia abrumadora que demuestra… todo eso lo llegas a conocer y a hacerlo casi propio.

Al cabo de unos años, estando en Menorca de vacaciones con mi madre (¿casualidad?), vi la segunda parte: La voz de los muertos. La sinopsis advierte que han pasado tres mil años desde lo sucedido en el primer libro, así que deduces que poca relación tendrán. Pero no, porque gracias al viaje relativista (la velocidad cercana a la de la luz hace que el tiempo transcurra a un ritmo mucho más lento), Ender solo tiene treinta y pocos.

Si el primer libro me pareció genial este fue … fue. Fisgoneando un poco más me enteré de que en realidad hay once libros dedicados al universo Ender. El siguiente era Ender el xenocida. Lo leí. Y he de decir que lo acabé más por despecho que por otra cosa. Imagino que cuando algo es sencillamente bueno, déjalo como está, es poco probable que consigas mejorarlo.

Así que mis viajes relativistas acabaron aquí, pero no por eso dejo de opinar que El juego de Ender y La voz de los muertos, son libros obligatorios para los que les guste la ciencia ficción y también para los que no.

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