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Tan libre como la propia mente

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El personaje me fascina.

El personaje es un ser artificial que nace a partir de la imaginación humana. No hay nada más personal y próximo a uno mismo que el personaje que nace de la propia mente.

Lo dotamos de cuerpo, forma, carácter y personalidad. Cualquier edad, sexo o raza es válida.  No hay normas, no hay nada escrito, simplemente dejamos que la imaginación vuele y tome forma, creando seres que nacieron eones antes de que nuestro planeta conociera la vida, o milenios después de que la Tierra sea tan sólo un recuerdo. Puede ser de simple cartón, y de una vida tan corta como un suspiro, o tan consistente como mil páginas, un carácter tan profundo e insondable como un océano y que su existencia no conozca principio ni fin. Como dijo Ende, el pasado surge con las historias.

Un personaje es él mismo y la persona de la que ha nacido. Ninguno de los dos existe sin el otro, y ninguno de los dos muere realmente mientras el otro viva. Un personaje puede vivir infinitas vidas al mismo tiempo y en todos los lugares, existiendo hasta en las mentes de aquellos que lo han adoptado, incluso a veces, sin conocer a su creador.

Un personaje reivindica la libertad de la que carece el ser real y, al igual que la mente, no conoce fronteras. Puede ser encarnado por millares de rostros, adultos o infantes, en todas las épocas en las que merezca ser recordado, o llenar bibliotecas enteras, celuloides o servidores de la red.

Podrían hablar días y días sobre el personaje, pero por hoy lo dejaremos aquí.

DIBUJOS

Tiempo, libros y ajos

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Ante todo quisiera yo pedir disculpas por tan prolongada ausencia. Habrá quién diga que hay tiempo para todo pero quizá ese quien tenga mucho tiempo libre. Y hablando de tiempo, es curioso como un día entras en una librería, ves un libro curioso (redundante), lo compras, lo lees, te encanta, y, al tratarse de una trilogía, esperas con ansias las secuelas. Bien, pues de ese día han pasado casi diez años.

Que se dice pronto.

Me lo recordó el otro día una amiga a la que recomendé precisamente ese mismo libro y que, gracias a él, nos abrió un universo de historias que no aburren. Hablo de Memorias de Idhun, de Laura Gallego. Recuerdo leer la sinopsis y no tenerlas todas conmigo, pero como soy lector de no saber prescindir de mis diez páginas antes de ir a dormir, lo empecé. Por probar algo.

Y me enganchó.

Creo que ya he dicho alguna vez por aquí (y si no, lo digo ahora) que lo de ser original es como vender arena en el desierto. Está todo inventado y la sopa de ajo ya era vieja cuando nuestras abuelas gateaban. Así que, en el fondo, la verdadera maestría, más que en inventar, está en tomar lo mejor de cada lado y hacer algo aún mejor, y hacerlo propio. Y un poco es lo que ha conseguido la autora con esta saga; bebiendo de barias fuentes (el dragón, el unicornio, la serpiente, el elegido, el mago, el sumaysigue…), ha creado un mundo y una trama únicos.

Y, como decía, de ese primer libro hace ya diez años, y lo curioso y genial al mismo tiempo, es que con cada nuevo libro que ha escrito desde entonces (y antes también), siempre ha sabido reinventar esa sopa de ajo tan reiterativa pero ilimitada que es la fantasía.

Dejo aquí un enlace por si hay quien quiera descubrirla, porque, sinceramente, vale la pena.
http://www.lauragallego.com/libros/sagas/memorias-de-idhun/#.UuBZnNK0qt8

Libros de dedo

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Me regalaron el primer libro unas navidades. Era pequeño, fino (del grosor de un dedo), en tapa dura y con aquél aspecto de libro antiguo que invita a abrirlo. Leerlo es otra historia.

En catalán hay un dicho que dice: en el pot petit hi ha la bona confitura (en el bote pequeño está la buena melmelada). Y ese libro fue de los primeros ejemplos que encontré (otro fue una amiga mía que es muyyyyy bajita…). Al terminarlo y ver que la historia seguía, me convertí en aún más asiduo de las librerías. El problema (y al mismo tiempo lo que lo hacía tan apasionante) era la incertidumbre de no saber cuantos libros más había de la serie Spiderwich.

Finalmente la cosa se quedó en cinco. Pensando en ello, sería como disfrutar de una miniserie pero en libros: una vez has visto todos los capítulos tras la rigurosa espera entre cada uno, los ves juntos, como una película. Además, es un curioso ejemplo de libro que podría estar en dos partes separadas (la historia en sí, y las ilustraciones), cada una realizada por sendos autores, y funcionar perfectamente.

Si se me permiten hoy una recomendación, léanlos como los apasionados de los licores o los habanos; poco a poco y paladeando cada palabra. No hay prisa y en menos de lo que les gustaría llegarán a la última página. Tómense su tiempo también para las ilustraciones, un recurso muchas veces infravalorado, opino, que cataloga el libro a una automática sección juvenil. ¡Como si eso fuera malo!

Hace un tiempo, en el 2008, hicieron la película. Y aunque los efectos especiales son irreprochables y plasman a la perfección las geniales ilustraciones de Tony Diterlizzi, carece de eso que convierte a los libros en una historia de culto.

Mirar con los dedos

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Zobel es uno de esos artistas del metal precioso que no se puede ignorar.

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No es sólo la calidad de las piezas, sino todo aquello que transmiten con sólo verlas. Que podrías simplemente tenerlas entre las manos todo el día, palpando cada recoveco y no cansarte. Una joya que incluso un ciego puede ver en todo su esplendor.

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http://www.atelierzobel.com/

Cuento de oro y laca

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La joyería siempre ha tenido un componente fantástico que convierte las piezas en algo más que simples objetos. Pueden ser recuerdos, materiales preciosos o una calidad de manufactura exquisita lo que lo hace tan especial. Incluso una baratija de anillo comprado en la feria del pueblo, puede ser un talismán y, como decía un buen amigo mio, sentirse uno desnudo si no se sale con él a la calle.

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Lluís Masriera i Rosés, un joyero de Barcelona que murió en 1958, fue uno de los grandes a la hora de congeniar la fantasía y la joyería. Se lo ha relacionado con el modernismo y es una figura clave en el esmaltado o el plique è jour, una técnica que consiste en crear una estructura modular con grandes huecos, en los que se encajan piezas de esmalte vítreo para que la luz lo atraviese.

Aquí os dejo la página web http://www.masriera.es/.

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Calla y lee

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Letras en rojo sangre y verde hoja. Capítulos de la A a la Z.

Y a voz de pronto poco más.

Echando un vistazo rápido, del de pongo el pulgar y que vayan pasando páginas, no es difícil encajonar el libro en el de fantasía de toda la vida.

Aunque para un lector más avispado puede ser mucho más. Una historia que narra, no sólo las aventuras de un chico, sino la HISTORIA del imaginario humano, donde todo lo concebible tiene su lugar. Las historias pueden ser escritas hoy, decía el león de fuego, Graograman, pero hablar de tiempos remotos. El pasado nace con ellas. Cuando Bastian usa el poder del Auryn y formula un deseo, este no se cumple, simplemente se descubre. Ya existía. Estaba allí antes de que él mismo lo deseara. Simplemente lo constata, porque ese mundo de fantasía es su mundo (nuestro, de todos) que crea y moldea sin saber que todo eso ya existía.

¿Lo entendéis? Yo tampoco.

En parte esa es la genialidad del libro; para entenderlo, tienes que leerlo. Puedes leer la sinopsis, escuchar las recomendaciones de los amigos, ver un documental u oír a tal o cual autor que te gusta hablar matavillas del libro. Pero no te servirá de nada. Es como describir una casa diciendo que es un montón de rocas apiladas, con agujeros aquí y allá para entrar y salir, y madera encima. De Michel Ende no he leído nada más, aunque también tenemos Momo, que pinta bien, pero yo lo conocí y lo admiro por este libro.

Si eres novato en eso de la fantasía, y se te antoja a una paja mental (al estilo del arte abstracto que mi hermano de cinco años también lo hace, no me haga usted perder el tiempo, gracias), recomiendo mucho empezar con La Historia Interminable. Precisamente porque es eso, interminable, en el buen sentido de la palabra.

Incluso a mí, que disfruto estas historias tanto o más que cuando aún creía que los dragones existían (por que yo a los ocho años me entré de que Papá Noel no existía, y los dragones tampoco), La Historia Interminable me permitió entender lo que realmente significa la fantasía.

Y otra cosa, no veáis la peli. Ninguna de las tres. En la tercera aparece Jack Black, fin.  Y si llego tarde para salvaros, olvidadla. Es mi opinión, pero es como si visita uno el Louvre con las luces apagadas. No vale la pena.

Pero eso es otra historia para ser contada en otra ocasión.

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Lo bueno, si largo, dos veces bueno

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Hay historias que se disfrutan más contadas con tranquilidad. Otras, sencillas y elegantes que duran apenas unos instantes, pero que disfrutas cada segundo. Incluso las hay que las disfrutas más cuando te las ahorran.

En el caso de Peter Jackson, opino (y subrayo “opino”) que la necesidad de extenderse hasta que te quede claro si al porta le gusta el café con una o dos cucharadillas de azúcar, es imperiosa. Quizá por esto sea el director idóneo para la saga de El Señor de los Anillos. Tolkien, no contento con tres mazacotes en su haber, nos obsequió con el Silmarillion, un compendio de todos los nombres de individuos destacados y razas habidas y por haber en la Tierra Media. Y como una peli del Silmarillion es algo imposible a todos los efectos (más por cuestión de salud mental, si se me permite), pero el filón del anillo es algo que pobre de ti si lo dejas escapar, había que meterlo por algún lado, aunque fuera como referencias y alusiones.

Tal vez a los puristas de la Tierra Media, lo que el neozelandés ha hecho(cómo ya comentaba en alguna entrada anterior) les parezca poco menos que una aberración. Pero a los que nos gustan las historias con el punto justo de sobrecarga argumental como para saciar esas ganas de saberlo todo, una versión extendida de algo que ya de por sí es extenso (valga la redundancia), y que por añadidura nos gusta, sólo añade interés a la cosa.

Y para gustos, colores (¿Gandalf gris o Gandalf blanco?).

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