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Flores huecas

Estándar

Hace días que no escribo.

A veces las casualidades de la vida hacen que dejemos de lado cosas que consideramos importantes y que de repente pierden ese color que las caracterizaba.

Pero no voy a aburrirles con eso.

La cosa es que esta mañana, hojeando viejos libros de garabatos, he encontrado un escrito que hice hará un par de años, más o menos. Y eso hace que el hecho que todos sabemos sea sólido de repente: que la vida da muchas vueltas, y nunca sabes qué habrá tras el próximo recodo.

Así que, en resumen, la síntesis es la que todos sabemos también; aprovecha el presente.

Y de eso hablaba el escrito, del tiempo, presente y eterno. Lo dejo aquí, en catalán, porque es como lo escriví y como tiene sentido.

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Magnolia

Una estació de tren.

Solitària i mig en runes, amb els raíls oxidats a causa de la salitre d’un mar en calma, a tot just quatre passes. La caserna fa molt de temps que no veu passar viatgers, ni que sent el traqueteig de les rodes, ni ensuma la olor de metall, greix i fum d’una antiga locomotora de vapor.

Una estació de tren on el temps s’ha aturat.

Lloc de reflexions i meditacions. On van a parar les causes perdudes i els somnis trencats, i poc a poc, s’esvaeïxen i al lloc on eren hi creix una magnolia, solitària i bella com una albada.

De vegades, als vespres d’estiu, hi van les parelles d’enamorats, i cullen les magnòlies que allà hi creixen. I per uns instants el temps també sàtura per a ells, i gaudeixen d’una efímera eternitat.

I d’aquest oximoron en neix una nova flor, que perpetua aquesta eternitat il·lusòria, a la espera de que algú s’aturi uns instants en aquesta estació i escolti la veu del silènci, observi el rostre dels anhels desapareguts, i ensumi el suau perfum de temps passats.

Una estació de tren on el temps s’ha aturat i les vies es perden en l’infinit.

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Cascarón hueco

Estándar

Este es un cuento que escribí hace unos días en la página de facebook de este blog: https://www.facebook.com/pages/La-Biblioteca-del-Drag%C3%B3n-Jan-Crespo/1450532578501319?ref=hl

¡Espero que os guste!

El-intercambio-de-flores

Su padre siempre le decía que su timidez era tan grande como él mismo. Y que eso era lo que hacía que bajo su fría piel de metal se escondiera un corazón igualmente grande.

Cuando él murió, se refugió en ese cascarón hueco que era su propio cuerpo hasta que un día la conoció a ella, pequeña y frágil, pero tan fuerte como una montaña.

Nadie les dijo que la vida fuera fácil, y no hubo nadie más que ellos mismos para guiarles por sus caminos. Caminaron por bosques, llanuras y ciudades abandonadas, descubriendo el mundo. Lucharon contra pesadillas y hablaron con ángeles.

Un día, años después del instante en que se vieron por primera vez, ella se sentó, cansada, cerró los ojos y murió. Era ya una anciana, y su espalda, encorvada por el peso de los años, no había podido aguantar otro día más a cuestas.

Él se sentó a su lado, y lentamente dejó que su cuerpo, su cascarón, se oxidara. Entonces, en su mismo centro, brotó una flor. No de una semilla, ni de una espora. Sino de la vida que ella le había hecho amar y comprender, para que él abrazara la muerte cuando llegó el final.