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Tiempo, libros y ajos

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Ante todo quisiera yo pedir disculpas por tan prolongada ausencia. Habrá quién diga que hay tiempo para todo pero quizá ese quien tenga mucho tiempo libre. Y hablando de tiempo, es curioso como un día entras en una librería, ves un libro curioso (redundante), lo compras, lo lees, te encanta, y, al tratarse de una trilogía, esperas con ansias las secuelas. Bien, pues de ese día han pasado casi diez años.

Que se dice pronto.

Me lo recordó el otro día una amiga a la que recomendé precisamente ese mismo libro y que, gracias a él, nos abrió un universo de historias que no aburren. Hablo de Memorias de Idhun, de Laura Gallego. Recuerdo leer la sinopsis y no tenerlas todas conmigo, pero como soy lector de no saber prescindir de mis diez páginas antes de ir a dormir, lo empecé. Por probar algo.

Y me enganchó.

Creo que ya he dicho alguna vez por aquí (y si no, lo digo ahora) que lo de ser original es como vender arena en el desierto. Está todo inventado y la sopa de ajo ya era vieja cuando nuestras abuelas gateaban. Así que, en el fondo, la verdadera maestría, más que en inventar, está en tomar lo mejor de cada lado y hacer algo aún mejor, y hacerlo propio. Y un poco es lo que ha conseguido la autora con esta saga; bebiendo de barias fuentes (el dragón, el unicornio, la serpiente, el elegido, el mago, el sumaysigue…), ha creado un mundo y una trama únicos.

Y, como decía, de ese primer libro hace ya diez años, y lo curioso y genial al mismo tiempo, es que con cada nuevo libro que ha escrito desde entonces (y antes también), siempre ha sabido reinventar esa sopa de ajo tan reiterativa pero ilimitada que es la fantasía.

Dejo aquí un enlace por si hay quien quiera descubrirla, porque, sinceramente, vale la pena.
http://www.lauragallego.com/libros/sagas/memorias-de-idhun/#.UuBZnNK0qt8

Un genio sin lámpara

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El papel del elegido ya nos sobra. El del niño poca cosa que se pasa el día intentando que nadie lo vea y resulta que (sorpresa sorpresa) salva el mundo. Muy bien, sigue así que tu vales mucho.

Pero también empieza a cansar el del termineitor a lo Rambo que aprendió todas las artes marciales habidas y por haber porqué su padre quería que el chaval supiera defenderse. Ojito conmigo tio que te parto la crisma y ni te enteras.

Entonces, ¿qué nos queda?

Pues quizás el que queda tras sacar esos dos elementos. El que sin quererlo ni beberlo se encuentra metido en el meollo y lo que cuenta es salir de allí. Yo pasaba por aquí y eso estaba así cuando llegué, ¿sabe? Un poco a lo Lazarillo de Tormes, que estampa al ciego y lo llaman picaresca.

Y sobre un tipo así leí en un libro llamado El amuleto de Samarcanda, que al principio no sabes muy bien por donde cogerlo (como los que empiezan cuando el protagonista muere. ¿Hace falta saber por qué? Se muere, punto). Te lo plantean en primera persona, en el momento en que Bartimeo de Uruk (el protagonista) surge de una nube de vapor en el interior de una estrella de cinco puntas. Si te suena lo de leer entre lineas no te costará deducir que es un demonio. Un genio, en su caso. Lo ha invocado un niño de once o doce años (no me acuerdo), en un Londres gobernado por una casta de magos y hechiceros que extraen su poder de los seres que moran en una dimensión paralela conocida como El Otro Lado, donde no existe lo material, ni las formas ni la identidad ni nada de nada. Ahora imaginatelo, si puedes. Y si lo consigues, preocúpate.

A parte de plantearnos un mundo interesante, la despreocupación total de Bartimeo por el destino que corra el mundo o todo lo que no tenga que ver con él mismo, y el tedio de hacer lo que toca porqué no queda otra, es lo que le da ese toque a la historia que engancha. Porqué, desengañemonos, no hay héroes sin necesidad ni interés.

Si te matas en el gimnasio quizás te parezcas un poco al Stallone, pero dudo que mañana llame a tu puerta un oficial de la marina de los Estados Unidos de América para pedirte que rescates a una importante embajadora que han secuestrado los norcoreanos, y que encima está de toma pan y moja (la embajadora. Quizás el de la marina también, pero aquí no entro). Y tampoco creo que seas un extraterrestre que esté en la Tierra para escapar de un opresivo imperio galáctico sin tu saberlo, o un brujo con poderes sobrehumanos a la espera de un misterioso maestro que te enseñe a usarlos.

Así que nos queda el bribón que intenta arreglárselas para seguir con su vida, y si te he visto no me acuerdo. Y eso precisamente lo convierte en algo tan cercano a uno mismo,  que lo convierte en una historia que os recomendaría si queréis saltaros un poco la idea del “lo hago porqué los astros vaticinaron que lo haría y mira, también podrían haberse tocado los soles”.

Stroud, J - Trilogía de Bartimeo 01 [C1]