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Autos de choque

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Estaba pensando que hace mucho tiempo que no escribo. Y ya de paso, que desde la última vez que escribí mi vida ha dado mil tumbos, como un uno de esos autos de choque que, en el fondo, no va a ninguna parte y se la pega con todo el mundo, y, a poder ser, con toda la alevosía de la que sea uno capaz.

El otro día hablaba con una amiga (y precisamente una que no veía desde hacía dos años) de eso precisamente; de los cambios inverosímiles, y de que la vida puede sorprenderte, para bien o para mal, de maneras que hasta al más pintado se le quedaría cara de panoli.

Para medir esas incongruencias yo uso la libreta de las ideas. Me explico; de vez en cuando me las gasto en una libreta de esas que da gusto ver. Con papel grueso color crema, bien encuadernada, y cubiertas de cuero blando. En esa libreta apunto desde ideas, vivencias, números de teléfono o nombres, y a menudo, incluso fechas. De vez en cuando la abro por una página al azar y trato de recordar cómo era mi vida cuando escribí aquellas líneas, e imagino cómo será cuando escriba la última página. Es un ejercicio curioso porque si se pone uno a hacer inventario de sucesos, y traza el camino hasta el día presente, se da cuenta de que el control sobre nuestra propia vida, sobre ese auto de choque que no sabemos muy bien como funciona, es meramente simbólico.

Así que, en el fondo, sólo nos queda disfrutar de lo bueno de la vida y tener una idea más o menos clara de dónde queremos llegar, porque, desde luego, no sabemos cómo llegaremos.

Viva la libertad de pensamiento, y muera el que no piense como yo

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27-febrero-10blog

La religión, como tema polémico donde los haya, lo tiene para largo. A Dios rogando y con el mazo dando, que dicen.

Imaginen la situación. Día lluvioso, de verano sofocante, domingo por la tarde tirando a noche, para ser exactos, y todo cerrado. Sólo una iglesia abierta. Entramos un par de amigos y yo para refugiarnos y guardamos el ritual y respetuoso silencio. Capuchas fuera, quien las lleve, y a entretenerse mirando santos. Entonces se oye un golpe. Alguien grita. Mi amigo, como no, que se ha dado con el pie en un banco (huelga decir que va en chanclas y tiene un uñero que ya dura demasiado). Así que, como es normal en estos casos, se caga en Dios y en la madre que lo parió. Con la mala leche de que el párroco de turno andaba por allí vaya usted a saber haciendo qué.

Total, que sin mucho más que decir, estamos de nuevo bajo la lluvia.

Y la anécdota me ha venido hoy a la cabeza después de ver en la tele que, hace unos días, salía en el periódico una esquela a todos los niños abortados durante el 2013 promulgado por la asociación arriba mentada. Aparte de lo que pueda pensar cada uno del tema, en el momento en el que alguien le dice a otro alguien qué hacer con su vida (no miro a nadie), ese alguien puede ir a tocarse los santos cojones él solito, que por algo Dios le dio un par de manitas.

Citando a Italo Calvino en un artículo en el que se hablaba precisamente de eso, “No entiendo cómo puedes asociar la idea del aborto con el concepto de hedonismo o de la buena vida. El aborto es un hecho espeluznante”.
http://www.mamanatural.com.mx/2013/06/italo-calvino-su-lucida-y-sorprendente-opinion-sobre-el-aborto/

Para hacer algo así, en mi opinión, se necesita responsabilidad moral y entereza. El saber que al ser humano que podría ser no le puedes ofrecer una vida digna, y que no se está en las condiciones mentales y económicas para educar y formar a una persona, es muy duro.

Así que, y citando esta vez a la Biblia, “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”